Misceláneas de Cuba. Entrevista

Misceláneas de Cuba (Suecia) 
Entrevista exclusiva

Misceláneas de Cuba, entrevista exclusiva con Humberto López y Guerra

CHARLANDO CON HUMBERTO LÓPEZ Y GUERRA

 

Mileydi Vidal (M): Humberto, naciste en Matanzas en 1942 pero llevas en Suecia desde 1968, ¿te sientes sueco o cubano?

Humberto López y Guerra (H): Soy cubano, eso nunca uno lo puede perder, pero me identifico con Suecia, yo soy cubano-sueco (risas). Es difí­cil decirlo de una manera así, absoluta, pero digámoslo de esta otra forma: una parte muy importante de mi vida ha sucedido aquí en Suecia. Suecia me dio la oportuni­dad que no me dio Cuba. Estudié cine en la antigua RDA, y durante el viaje de regreso a Cuba me tiré de un barco en Hamburgo y luego vine a Suecia. Yo me fui de Cuba por protesta; por lo que sucedió en el 68, con la invasión soviética y del pacto de Varsovia a Checoslovaquia.

Mileydi Vidal (Misceláneas de Cuba) con Humberto López y Guerra
Mileydi Vidal (Misceláneas de Cuba) con Humberto López y Guerra

Había estado en Checoslovaquia meses antes de la invasión. Descubrí durante aquel viaje que había una oportunidad de hacer un socialismo con un rostro humano, un socialismo diferente y pensaba que aquella Revolución de terciopelo iba a cuajar y que Cuba nunca ha­ría lo que hizo, es decir, apoyar la invasión. Es a partir de entonces, cuando Castro apoya la invasión, que Cuba se convierte realmente en un satélite soviético.

Osvaldo (O): Incluso Castro se pregunta si en caso de que lo ocu­rrido en Checoslovaquia pasara en Cuba si la Unión Soviética actuaría de la misma forma, o sea que estaba pidiendo que se actua­ra de la misma forma en Cuba.

H: Yo tenía la certeza de que Cuba iba a estar del lado de Alexander Dubček  y condenaría la invasión soviética. Incluso, en el momento de la inva­sión, yo estaba en Alemania. Cuando llega por teletipo a la Embajada de Cuba el texto del discurso de Fidel, yo estaba en la embajada (conocía personalmente al emba­jador de Cuba en la RDA Héctor Rodríguez Llompar). Había conversado horas antes con el embajador y ambos coincidíamos que Cuba no iba a apoyar la in­vasión. Pero, Castro apoyó la invasión inmediatamente y se alineó totalmente a la Unión Soviética. Eso me decepcionó de tal manera, que decidí no regresar a Cuba. Lo hice en protesta.

No fue fácil para mí dar aquel paso. Yo tenía un futuro labrado como cineasta en Cuba, y al “desertar”, tuve que renunciar a esa posición privilegiada. Llegué a Suecia con las manos vacías. Luego de estar en Hamburgo un tiempo cuando llego aquí en 1968, supe que Suecia era el país  en el que yo iba a vivir el resto de mis días… En aquella época salir como yo salí de Cuba, era algo definitivo. No había regreso…  Yo no podía hacerme ilusiones. Si quería trabajar, hacer cine en mi nuevo país, tenía que convertirme en un sueco más. Eso fue lo que traté de hacer… En aquellos años tuve que olvidarme de Cuba.

M: Y ¿cómo viniste a parar a Suecia?

H: Como dije al comienzo, me tiré textualmente del “Erfurt”, un barco de la RDA en Hamburgo cuando iba de regreso a Cuba, ya que yo había decidido no regresar después de la invasión a Checoslovaquia y el giró político y militar de Cuba, aliándose definitivamente a Moscú. Mis años en la Alemania comunista me habían enseñado que aquel no era el camino a seguir…

Como yo había estudiado en la escuela de cine de Alemania Oriental, mi segundo idioma después del es­pañol era el alemán, el sueco ya es mi tercero, y entonces comencé a trabajar  casi inmediatamente en la televisión ZDF-Hamburgo de camarógrafo y también para una empresa de spots publi­citarios; ganaba  bien.

Yo tenía un amigo español en Estocolmo que había vivido en Cuba. Era escritor y trabajaba en aquel entonces para Radio Suecia Inter­nacional. Por aquella época viaje a Suecia para rodar un spot  sobre la línea de ferry que une Travemünde con Treleborg, y aproveche para visitar a mi amigo español. Estocolmo me gustó mucho. Suecia, a finales de los 60, era un país muy interesante desde el punto de vista cinematográfico: Bergman, Bo Widerberg, Vilgot Sjöman, y otros directores de aquella época que hicieron que el cine sueco se convirtiera en uno de los mejores cines de Europa. A mi, particularmente, me interesaba mucho el cine sueco, incluso en Cuba, antes de comenzar mis estudios cinematográficos en Babelsberg. Con el correr de los años Vigot Sjöman y yo mantuvimos una amistad muy estimulante. Su director de fotografía, Lasse Björne, se convirtió posteriormente en un gran amigo y además en mi director de fotografía… Algo impensable si me hubiera quedado en Cuba… (risas).

Al llegar a Estocolmo, mi amigo español me sugiere que están buscando un productor para las emisiones en español de Radio Suecia In­ternacional y fui y me presenté a las pruebas. Eran muchos los que se habían presentado, así que no pensé que me iban a escoger. Regresé a Hamburgo y me olvide de Radio Suecia. Tres semanas después, me llaman diciéndome que era uno de los tres que habían escogido para hacer otra prueba. Regresé, hice la segunda prueba y gané la plaza. Me dieron un con­trato de un año. En­tonces, este país era muy distinto al que es hoy. La policía tenía una sección de extranjería y allí fui para tramitar el permiso de residen­cia. Le explico a un policía que me atendió que necesitaba el permiso porque tenía un contrato en la radio sueca por un año y me dice: “Vamos a darte el permiso por dos años”, y de eso hace ya más de cuarenta años…

M: En aquella época Suecia, como tú bien dices era muy diferente, y las relaciones entre Suecia y Cuba eran muy diferentes también. ¿Qué labor has desarrollado para divulgar la realidad cubana aquí?

H: Mira, al principio estuve ocupado en trabajar en lo mío: hacer cine, televisión… Insertarme en la sociedad sueca. Realicé documentales sobre García Lorca, Arrabal, los premios Nobel de Literatura, trabajando esos años en la sección cultural del canal 1, con licencia de la radio. Estaba concentrado en convertirme en un realizador “sueco”. A los cinco o seis años, cuando ya me sentía cómodo, y era un realizador más o menos conocido, volví a interesarme por Cuba. Fue algo fortuito aunque mi interés por Cuba siempre existió… Concretamente, en Radio Sweden, o Radio Suecia, donde yo trabajaba como productor y redactor en la sección en español, la mayoría de los que trabajaban conmigo entonces que eran latinoamericanos, eran amigos de la Embajada de Cuba, y furibundos defensores del régimen castrista, y por tanto me hicieron, prácticamente, la vida imposible en la radio. Olof Palme era entonces Primer Ministro. El subsecretario de Relaciones Exteriores, Pierre Schori, era también gran amigo de Fidel Castro y abierto defensor del régimen. A través de Schori, indirectamente, pienso, se ejerció presión a todos los niveles para que yo renunciara. Radio Suecia dependía económicamente en aquella época del Ministerio de Relaciones Exteriores, ahora, por suerte, no es así, pero entonces Relaciones Exteriores pagaba los sueldos de los que trabajábamos en Radio Sweden y ejercía solapadamente una cierta influencia política en las emisiones. Hicieron muchas presiones para sacarme de Radio Sweden, pero yo resistí. Eso me radicalizó y poco a poco comencé a trabajar políticamente contra del régimen de Castro. Fue una época difícil porque yo estaba prácticamente solo aquí en Suecia. No había casi cubanos, y los pocos que había muchos se congraciaban con la Embajada. Una de aquellas personas, recuerdo, que hoy dice ser muy anticastrista, llegó a tener incluso un hijo con un conocido agente de la Inteligencia cubana con cobertura diplomática en la Embajada.

Después, nos concentramos en la libertad de los presos políticos cubanos, que eran muchos entonces. Organizamos un comité de derechos humanos aquí en Suecia. Eva Winter del partido liberal Folkpartie, fue la primera presidenta, y yo el secretario ejecutivo. Winter, que en ese momento era Ministra de Inmigración, hizo que los Partidos liberal y conserva­dor (Moderatarna), se involucraran políticamente en el Comité pro derechos humanos en Cuba. También algunos intelectuales suecos como Per Wesberg, Bo Setterlind, productores de televisión como Fritiof Haglund, y otros, formaron parte del comité. Este comité tenía una plataforma muy sólida, contaba así mismo con muchos parlamentarios. En la primera etapa, además de defender los derechos humanos, y trabajar por la libertad de los presos políticos, otro de los principales trabajos que se hizo, fue informar sobre la dictadura y su dependencia a la Unión Soviética para disminuir la enorme ayuda económica que el gobierno socialdemócrata sueco había enviado anteriormente a Cuba. Cuba era práctica­mente el segundo país después de Viet Nam en recibir ayuda para el desarrollo de Suecia durante los dos gobiernos de Olof Palme. Pero con el gobierno de centro-derecha del primer ministro Thorbjörn Fälldin, las cosas comenzaron a cambiar con respecto a la percepción oficial de Cuba en Suecia. También mi situación en Radio Sweden mejoró y cesaron los ataques contra mí.

Mileydi: Mencionaste que habías estudiado cinematografía en Alemania Oriental, ¿ son estas vivencias de la guerra fría las que te llevaron a escribir tu libro El traidor de Praga?

H: Sí, claro

Mileydi: El libro se desarrolla en muchas ciudades y tiene una trama perfecta para cine o tele­visión. ¿ Te gustaría llevarlo a la pantalla?

H: Sí, claro, por supuesto. Muchas personas que han leído el libro me han señalado eso. Hay muchos escritores que se quieren convertir en guionistas, pero yo soy un guionista que me he convertido en escritor, y claro, cuando escribo pienso en imágenes y sí, mi estilo literario es muy cinematográfico…

Mileydi: Yo he estado mirando al­gunos de tus otros trabajos en tu carrera y te mueves entre la escri­tura, la filmación y el periodismo. ¿Cuál es tu forma de expresión preferida?

H: Creo que el periodis­mo fue muy importante al principio. Yo comencé a trabajar como periodista aquí en Suecia, en la radio, y fue una manera, si se quiere, de valorar el valor (valga la redundancia) que tiene la libertad de prensa.

Viniendo del mundo del cine, dónde todo se traduce en imágenes, de pronto, al trabajar como periodista, comprendí el valor enorme de la palabra. Poder expresarme y poder decir lo que pienso, sin censura. Cuando trabajaba en Radio Sweden, con todas las dificultades que ya te he contado, siempre he dicho que si hubiese estado en Cuba, actualmente, estaría en la cárcel. Pero aquí en Suecia, a pesar de que trataron de hacerme la vida imposible un tiempo, las cosas no son como en Cuba. Pude seguir siendo quien soy, pude seguir trabajando en Radio Sweden, desarrollándome, haciendo mis películas… informando sobre la realidad en Cuba. Es la gran diferencia entre un país democrático y una dictadura.

Ahora bien, regresando a tu pregunta. Cuando escribo un artículo, soy periodista, cuando escribo una novela, soy escritor y cuando filmo soy cineasta, ahora, esos tres elementos están ligados en todo lo que hago. En esta novela “El traidor de Praga”, todo el trabajo de inves­tigación es periodístico, también porque se desarrolla en un tiempo exacto donde se recuenta cada mi­nuto durante dos meses y medio, desde la caída del muro de Berlín hasta enero –febrero de 1990; y para mí es muy interesante e importante poder trabajar con todos esos elementos.

¿Qué fue lo que me dio el periodismo? Primeramente me dio escuela. Eso de tener que escribir dos o tres cuartillas todos los días, y tener que contarle al lector, o al oyente, una historia, es un ejercicio fantástico. Todos los días tienes que sentarte a escribir esas cuartillas. Además, el periodismo y la literatura están muy ligados. Ahí tienes el caso de Cabrera Infante, Vargas Llosa, de García Márquez..

Mileydi: ¿Qué planes futuros tienes?

Humberto: Estoy escribiendo la historia de un alto militar cubano que decide pasarse al otro lado y tiene sus inconvenientes y desaparece. Es una historia de la Cuba de hoy.

Mileydi: ¡Muchas Gracias!

Humberto: ¡Gracias a ustedes!

 

La entrevista ha sido acortada y actualizada para su publicación en el sitio