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Book trailer de El traidor de Praga


EL TRAIDOR DE PRAGA -trailer from El traidor de Praga on Vimeo.

 

RESEÑAS

Después de la publicación de esta excelente novela, ya no podrá decirse que el género de espionaje no tiene una verdadera tradición literaria en lengua castellana. La tiene; acaba de nacer. Y es de origen cubano. (Manuel C. Díaz El Nuevo Herald)

El tópico de que una novela, como una banda de forajidos, debe “atrapar al lector”, se convierte en signo determinante de la calidad en las novelas de espionaje. El traidor de Praga (Verbum, Madrid, 2012) logra este mérito desde sus primeros cortes argumentales. Leerla es buscar tiempo para no soltarla.
( José Prats Sariol y Emil Volek – Diario de Cuba - AuroraBoreal )

Un libro intenso que nos puede dejar perplejos y preguntándonos cuánto puede haber de cierto o al menos potencialmente posible en esta excelente novela.
(Luis de la Paz – La Revista)

El Traidor de Praga’, la novela del cineasta, periodista y escritor, cubano-sueco Humberto López y Guerra, es sin temor a exagerar, uno de esos libros que cautiva al lector desde la primera hasta la última página.
(Freddy Valverde – Radio Praga)

El traidor de Praga es un thriller político sobre espionaje internacional. Una novela que no deja indiferente a nadie.
(Crónicas Literarias /Desde New York, Reseñas Literarias)

 Desde las primeras páginas ya puedo adelantar que será otro de los mejores libros que habré leído este año.
(La biblioteca cubana de Barbarito)

El traidor de Praga (Ed. Verbum, Madrid, 2012), de Humberto López y Guerra, es, en varios sentidos, una obra original en el contexto de la literatura cubana (…)  La novela ha sido edificada sobre una prolija investigación que va desde las grandes líneas de la política y la historia del siglo XX hasta los detalles de la acción que, con frecuencia, conceden a la narrativa una credibilidad adicional (…) Está bien tramada y mantiene un ritmo con frecuencia trepidante en la mejor tradición del género.

(Cubaencuentro.com Luis Manuel García Méndez)

ENTREVISTA

 Una novela adictiva
Emil Volek y José Prats Sariol| Arizona| 14-12-2012
AuroraBoreal
Diaro de Cuba

Espionaje, narcotráfico y terrorismo castrista mientras se hunde el Imperio Soviético. Humberto López y Guerra habla de ‘El traidor de Praga’.

 Un fragmento de novela: El traidor de Praga.

Humberto López y Guerra

(Foto cortesía de Luis de la Paz)
Humberto López y Guerra en la presentación en Miami de ‘El traidor de Praga’.

El tópico de que una novela, como una banda de forajidos, debe “atrapar al lector”, se convierte en signo determinante de la calidad en las novelas de espionaje. El traidor de Praga (Verbum, Madrid, 2012) logra este mérito desde sus primeros cortes argumentales. Leerla es buscar tiempo para no soltarla.

Y aquí, por desgracia, no puede decirse que enriquece al género en español, porque las novelas de espionaje apenas existen en nuestro idioma. Por lo menos, con el mínimo de calidad imprescindible para cotejarlas sin sonrojo con las de Tom Clancy o el canónico John Le Carré.

Ese híbrido que en inglés llaman faction —para deslindarlo de fiction— en el subgénero de espionaje aún está en nuestra lengua —ya sin anticuadas distinciones por países— como la novela anterior al Boom, aunque brillantes excepciones nos enorgullezcan.

Situado el argumento de El traidor de Praga en apenas dos meses, entre el 25 de noviembre de 1989 y el 13 de enero de 1990, en locaciones que van de Praga a La Habana, de Washington a París, de Berlín a Ginebra y Madrid y hasta Yemen del Sur, para terminar en la bahía de Ciudad Colón en la boca caribeña del canal de Panamá; los agentes y contra agentes vinculados a Cuba, los servicios de inteligencia que aquí pelean —incluyendo los tenebrosos Comandos Internacionales de Solidaridad, creados tras el desmerengamiento del comunismo en Europa—, proyectan un atentado de trágicas consecuencias. Pero de ahí a las posibilidades de consumarlo surgen las peripecias, bajo una rara mezcla entre ideologías y fanatismos, entre agentes profesionales y peligrosos aficionados, entre mercenarios e ilusos.

A la espera de que esta novela no sea la aguja en el pajar —por lo menos la primera escrita por un cubano que merece atención—, nos aventuramos a entablar un diálogo crítico con este novelista de retórica sagaz, maestro en 430 páginas de intrigas y trampas, trucos con magia y exactas, impecables referencias históricas y geográficas que cualifican la urdimbre aventurera del hilo argumental.

¿Cómo surgió la motivación para escribir “El traidor de Praga”, los momentos de inspiración y expiración que te llevaron a embarcarte en esta aventura creadora de una envolvente aventura de espionaje?

Soy un habitual lector de novelas de espionaje, el género me fascina, entre mis escritores favoritos están, por supuesto, John Le Carré, Frederick Forsyth, Tom Clancy y Ken Follett, entre otros, y siempre había esperado leer una novela del género vinculada a Cuba y, ya que nadie la había escrito, pues me decidí a hacerlo.

En Madrid, durante la presentación de la novela, una joven lectora me comentó que, aunque en la contratapa del libro se dice que la novela mezcla la ficción y los hechos históricos con personajes reales y ficticios, ella no había podido encontrar en el libro nada que fuera ficción. Su observación me produjo una honda satisfacción, porque ese fue realmente mi propósito principal: escribir una historia que desvelase los entresijos del espionaje internacional durante la caída del comunismo en la Europa del Este, y que nunca sabremos con certeza si sucedió realmente o no…

Para lograr que la historia tuviese la verosimilitud necesaria en este tipo de novelas, tuve que enfrascarme en una larga y minuciosa investigación sobre aquellos históricos meses en los que el comunismo desapareció en Europa, pero también sobre los personajes, tanto reales como ficticios, que figuran en la novela, así como sobre las operaciones de narcotráfico, desestabilización, terrorismo e intervenciones militares en las que estuvo involucrada la Cuba de Castro desde la década de los años sesenta hasta 1990. Les confieso que esta ha sido una labor, difícil y enojosa, pero que, paradójicamente, me resultó enormemente satisfactoria. Pero, como solía decir Néstor Almendros: la creación artística es 90 por ciento de transpiración y 10 por ciento de inspiración.

¿Se percibe que tanto con Frederick Forsyth (“The Day of the Jackal”, “The Odessa File”…) como con Ken Follet (“The Big Needle”…) estableces una suerte de juego, de intercambio estilístico donde funcionas buscando un desvío argumental, sin dejar de mostrarte como deudor a ellos, antiguo discípulo —también de la gran novela de aventuras del siglo XIX— que ya camina solo?

 Sí, efectivamente. Forsyth y Follet fueron los primeros que, gracias a su formación periodística, introdujeron en la novela de espionaje el uso dramático de los acontecimientos históricos, combinando la novela testimonio o faction con el thriller político.

Humberto López y Guerra, Feria del Libro de Miami, 2012

(Foto cortesía de Luis de la Paz)
Humberto López y Guerra

El traidor de Praga se inserta perfectamente en ese género que me facilita una gran libertad y flexibilidad para mostrar un fragmento importante de la historia reciente, y, al mismo tiempo, poder ofrecer al lector la posibilidad de disfrutar de la tensión y el suspense de una verdadera novela de espionaje…

Para ello, era importante que al aplicar estas herramientas, el trasfondo histórico no fuera utilizado como comodín o mero telón de fondo, sino que fuera percibido como un protagonista más, junto a los personajes, para establecer así un puente dramático basado en el juego entre la ficción y lo real.

Lo novedoso quizá, sea que nadie anteriormente había escrito una novela sobre la historia de la caída del comunismo en la Unión Soviética y en los demás países de la Europa del Este, y de cómo el régimen de los Castro se preparó para sobrevivir a esa debacle y reciclarse, poniendo en juego el uso de ciertos recursos que han sabido emplear muy bien a lo largo de décadas: moviendo sus reservas provenientes de sus múltiples negocios ilícitos, sus contactos con el narcotráfico y la venta de armas, y la vasta red de terrorismo que dominan, y poder así continuar librando su testaruda lucha contra el “imperialismo norteamericano”. En resumen, financiar con un golpe desesperado su lucha “internacionalista”.

Soy también un gran admirador de la novela de aventuras del siglo XIX, por supuesto. Es mi base, por así decirlo. Mi primera experiencia literaria, inolvidable, como lector, fue El Conde de Montecristo. Mi madre, que era una habitual lectora y de la que aprendí la afición a la lectura, tenía en nuestra biblioteca las obras completas de Alexandre Dumas, padre. Y yo, además, crecí con los tebeos o historietas, que en Cuba les llamábamos muñequitos, y toda la literatura pulp de la década de los cincuenta.

Todo esto, evidentemente, no solo condicionó mis preferencias como lector, sino que contribuyó definitivamente a formarme como narrador de historias…

Muchas novelas del género, especialmente muchos actos fallidos que pretendían tener un valor histórico, documental, han fracasado estrepitosamente por desbarrancarse entre buenos y malos, por un maniqueísmo simplificador… ¿Cómo lograste que tu novela se librara no ya de ese imperdonable defecto —típico del “realismo socialista” al derecho y al revés, de los dos lados—, sino de vestigios menores que podrían insinuarlo, molestar al lector?

La novela de espionaje, históricamente, desde su nacimiento pocos años antes de la Primera Guerra Mundial, tuvo un corte netamente político. Por algo se le llama también thriller político. Pero hay una gran diferencia entre el thriller político y el panfleto político que pienso está más ligado al “realismo socialista”. Esa, es, creo yo, la razón principal por la cual, como dices, han fracasado algunos intentos literarios que han tratado de insuflarles un valor histórico o documental a una obra, apoyándose en soluciones simplistas, dicotómicas.

Ese maniqueísmo simplón es un arma de doble filo: podrá ser “realista socialista”, pero no realista. Para que una novela de espionaje funcione, despierte el interés del lector, tiene que atenerse a la realidad, al menos a una realidad verosímil, y alejarse de cualquier didactismo.

 La realidad literaria no puede ser maniquea, todo lo contrario, debe reflejar la complejidad de ese contradictorio entramado del que están hechos los seres humanos y las historias que protagonizan.

Pero no debemos olvidar que se trata de una novela de espías y que este subgénero se atiene a unos cánones y a unas convenciones preestablecidos. Es como caminar por la cuerda floja, sin malla protectora: te balanceas pero no puedes perder el equilibrio.

¿Cuáles serían para ti los puntos retóricos decisivos para lograr un buen thriller, desde el ángulo, desde luego, de su escritura en “El traidor de Praga?

Cada historia, tiene por así decirlo, su propio constituyente sintáctico, pero también está sujeta a las leyes de gravedad del género, a sus convenciones, como decía anteriormente. No se le puede vender gato por liebre al lector.

En la actualidad hay una especie de inflación del término “thriller”. A muchas novelas les encasquetan ese sello, sin serlo. Por eso, para mí, lo más importante para el logro de un buen thriller estriba en escribirlo con una convicción retórica y sintáctica desde la primera a la última página.

Sobre la parte técnica de cómo escribir la novela, creo que en mi caso, ha sido

Entre las diez novelas más vendidas -El Nuevo Herald

Entre las diez novelas más vendidas -El Nuevo Herald

importante mi formación como cineasta, como guionista. Escribo la novela como si de un proceso de edición de una película se tratara, eso me ayuda a mantener el suspense: lo que Alfred Hitchcock llamó “el McGuffin”, ese elemento que aunque no tenga una mayor relevancia en la historia hace avanzar la trama.

 Lo más importante cuando vas a contar una historia, ya sea una obra de teatro, una novela o una película, es su estructura dramática. Me acostumbré a trabajar con esa formidable herramienta desde muy temprano, desde los años en que estudiaba dirección en la Escuela de Cine de Babelsberg, Alemania, donde, desde los primeros cursos, estudiábamos la Poética de Aristóteles que, aunque fue escrita en el siglo IV a. C. sigue vigente.

Aprendí que no puedes prescindir gratuitamente de las reglas de la dramaturgia aristotélica, y si lo hicieras tendrás que saber la razón por la que lo haces y nunca por ignorancia, creyendo que has descubierto la pólvora, porque la pólvora, como la dramaturgia, hace ya muchos cientos de años que se inventó.

 Armar un thriller, es como tener sobre la mesa un reloj de bolsillo desarmado, con su leontina y todo, y enfrentarte a la tarea de armarlo de nuevo. Todas las piezas tienen que encajar, una a una, si no el reloj no funcionará. Así de fácil.

¿Crees filmable la novela, tanto en una posible versión como serial para la televisión que como filme más ceñido a las secuencias esenciales; y en este sentido, situándote tú mismo como guionista, qué dificultades serían las principales para la adaptación?

 Sí, defintivamente, pienso que la novela podría funcionar muy bien, tanto como película o como serie de televisión. Sin embargo, en tal caso no desearía trabajar en el guión.

Mi trabajo terminó con el punto final de la novela, es tarea de otro escribir el guión, hacer la película. Además, por mi experiencia como cineasta, sé de la importancia de esa otra mirada del guionista, que muchas veces puede enriquecer la obra al adaptarla a las necesidades sintácticas que exige el cine.

 En cualquier caso, por supuesto, estaría a la disposición de ellos, si fuera necesario.

 ¿Qué dificultades serían las principales para la adaptación? No sé, depende… En principio, la solución cinematográfica del mundo interior de los personajes, sus monólogos interiores, son siempre difíciles de plasmar en un guión; aunque tenemos ejemplos de las magníficas propuestas con que el cine intimista ha resuelto esta dificultad.

 Adaptar una novela al cine o a la televisión es siempre una tarea compleja. Yo diría que para que una novela se pueda convertir en una buena película hay que partir de la especificidad de los lenguajes: extraer las partes más cinematográficas —el cine es fundamentalmente imagen— y adaptar las partes más literarias a las convenciones del cine.

 Lo principal es que los guionistas y realizadores puedan sentirse completamente libres, y que el autor de la novela no interfiera en el trabajo creativo del guión y de la realización. Esa es mi experiencia como guionista-realizador y la voy a aplicar también ahora como escritor.

 La novela toma un momento preciso, cuando el comunismo se tambalea, pero no cae totalmente en todas partes. Países y organizaciones de seguridad hacen “actos de limpieza” de cara al incierto futuro. Este eje temporal, centrado en unas cuantas semanas, contribuye al “efecto de la realidad” y crea toda una atmósfera de verisimilitud que envuelve la acción de la novela. Es que como lector uno queda pasmado, porque toda la acción pudo haber pasado, incluso precisamente tal como lo cuentas en la novela. ¿Qué te inspiró para enfocarte en aquel periodo?

 Sí, es así, yo también pienso que la historia pudo haber ocurrido realmente. Hay muchas cosas que han sucedido y que jamás sabremos, por una razón u otra, si realmente sucedieron.

 Yo trabajé la trama de la novela desde un ángulo periodístico: como investigador, atando cabos, tratando de descubrir los entresijos de esta historia que cambió al mundo, o, al menos, a Europa, y cómo influyeron esos hechos en la Cuba de entonces. Esa labor investigativa me fue dando las claves, y así los hechos históricos fueron encajando en la trama y viceversa. Fue como armar un rompecabezas.

 ¿Qué me inspiró? Mira, yo pertenezco a esa generación que fue arrastrada por la vorágine del final del comunismo en la Europa del Este por el hecho de ser cubano y haber vivido y estudiado a principios de los años sesenta en Alemania Oriental. Había vivido muy de cerca la Primavera de Praga, de 1968, que terminó brutalmente con la invasión de las tropas soviéticas y del Pacto de Varsovia, y después, aunque ya exiliado en Suecia, viví con mucha atención el derrumbe del Muro de Berlín y la desaparición del comunismo en la Europa del Este. Quizá haya sido la necesidad personal de hacer un balance de lo ocurrido en aquellos tiempos lo que me impulsó a escribir la novela.

 Yo tomé el camino del exilio en 1968 por razones netamente políticas. Después de la invasión a Checoslovaquia, Cuba se convirtió en un portaviones ruso a 90 millas de las costas de Estados Unidos. Yo simpatizaba con Dubček y con todo aquel movimiento que trató de democratizar el régimen totalitario impuesto por la URSS a Checoslovaquia y que en Cuba se comenzó a implantar en firme después de la invasión. Después del 20 de agosto de 1968 todas mis esperanzas de que se pudiera construir un socialismo con rostro humano chocaron con la terrible realidad.

 Uno simpatiza con la pobre Lil, atrapada como un ratón en la trama que apenas entiende, aunque uno recuerda de la realidad que los ingenuos entusiastas podían ser peligrosos ya que algunos, luego de hablar “francamente” con alguien, iban a las autoridades a denunciarlo. Es un toque fino que la novela no termina simplemente con un “final feliz” y que, en este sentido, queda abierta. Pero, ¿puede tener una continuación? Ya que tanto cambió en el mundo, aunque no en Cuba… Sin embargo, desde el ataque a las Torres Gemelas, también parece que solo se han reagrupado las piezas en el tablero de las pugnas mundiales.

 Lil es una joven confundida, lo que en ese mundo tenebroso suele ser llamado un “tonto útil” y que la inteligencia castrista (DGI) denomina con cierto cinismo como un “vinculo útil”.

 La DGI ha sabido utilizar a gente como Lil desde que Castro llegó al poder. Desde Europa, América Latina y los propios Estados Unidos, han sido miles y miles los jóvenes que han viajado a Cuba invitados por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y que muchas veces, como en el caso de Lil, formaban parte de las llamadas Brigadas Internacionales de Trabajo Voluntario, que era una cantera inagotable de reclutamiento y polea de trasmisión de los planes desestabilizadores de Castro.

Un café en el Versailles, Miami.

Un café en el Versailles, Miami.

 Sí, El traidor de Praga es una historia abierta que continúa veinte años después, inoculada, claro está, por los hechos del 11 de septiembre. Pero, paradójicamente, a pesar de que el mundo ha cambiado algo, sigue siendo intrínsecamente igual. En Cuba, el régimen se sigue reciclando para salvaguardarse, para consolidarse en el poder después de la muerte de Fidel Castro, e incluso de Raúl Castro. El relevo, engrosado por la casta de los Castro-Espín hace tiempo que comenzó. Yo veo el futuro de Cuba con escepticismo…

 En la actualidad, aquellas lúgubres fuerzas que pensábamos habían desaparecido con el colapso del comunismo en Europa, se están reagrupando bajo diferentes banderas e intereses y, una vez más, Cuba vuelve al candelero, del lado de Rusia, Irán, Ucrania, Bielorrusia, China, la tambaleante Siria de Bashar Al-Assad, y sus aliados en Iberoamérica: Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, bajo la atenta y golosa tutela económica de Brasil.

 Otra grata sorpresa para mí fue la cuidadosa situación de la narración en Praga, de donde parte la trama. Cuéntame un poco sobre cómo conociste aquel ambiente, que supongo es parte de tu historia personal.

 Praga forma parte del ideario de mi juventud, y he dejado mucho de mi Praga en esta novela. Cuando estudiaba en Babelsberg, tan pronto podía, me daba una escapada a Praga. Tenía varios amigos también becados que vivían allá, los viajes en tren para estudiantes eran muy baratos y vivíamos en los económicos internados de estudiantes.

 Desde mi primera visita a Praga me enamoré de la ciudad. Solía perderme entre las callejuelas de la ciudad vieja, buscando los pasos de Kafka, o en aquellas interminables tertulias etílicas en el U Fleků. Claro, hay mucho de autobiográfico en toda la parte inicial de la novela, en Praga. Yo construí la Praga de la novela basándome en los recuerdos y los apuntes personales que siempre he escrito, no en forma de diario, sino para no olvidarme, pensando que quizá en el futuro tengan utilidad.

 En aquella época en que en Checoslovaquia se respiraba aires de cambio, viajar a Praga era respirar aire puro, por ello sentí una gran frustración, un dolor muy profundo, cuando los tanques soviéticos y del Pacto de Varsovia destruyeron aquella ilusión y por eso El traidor de Praga, de alguna forma, es también mi canto a Praga.

 Para mí la lectura de Jorge Castañeda, La utopía desarmada (1993) fue una revelación acerca de la magnitud y el detalle macabro del apoyo y del involucramiento de Cuba en los movimientos “revolucionarios” y actos de bandidaje en toda América Latina. ¿En qué libros, fuentes te inspiraste para el lado factual de tu novela?

Lamentablemente no he leído La utopía desarmada aún, aunque ahora, cuando estuve en Miami para la Feria del Libro, pude comprar ese interesante libro sobre la historia de la izquierda latinoamericana.

Las principales fuentes para escribir El traidor de Praga han sido mis propios escritos de esa época, y los cables de las agencias de noticias, artículos aparecidos en la prensa, y los archivos, por ejemplo de la STASI, declaraciones de espías desafectos del castrismo, conversaciones con algunos de los que vivieron muy de cerca la hecatombe del comunismo en Europa del Este.

 Yo diría que ha sido el trabajo periodístico investigativo, la recolección y procesamiento de toda esa información, la base fáctica en el cual se sustenta la novela. He tenido la gran suerte también de haber conocido a algunas personas clave que fueron actores de primera fila y a los cuales les doy mi agradecimiento en el libro. Ellos me brindaron, directa o indirectamente, información importante que pude revertir en la trama.

Lo cierto es que no hay ningún libro (al menos que yo conozca) que recoja la nefasta historia de las operaciones de narcotráfico, desestabilización, terrorismo e intervenciones militares en las que el régimen de La Habana haya estado involucrado. En ese sentido, El traidor de Praga, además de ser una novela de espionaje con trasfondo histórico, es, pienso, el primer libro que compila esa historia de la guerra secreta que los Castro han librado en muchos países desde comienzos de la década de los años sesenta del siglo pasado hasta 1990.

 ¿Seguirán el agente Mario Paredes y su amigo Javier Puig —viaja como Rigoberto Sánchez— con nuevas aventuras? ¿Ya tienes ese proyecto en pantalla o papel?

 Sí, la saga continúa… Ya tengo bastante adelantada la próxima novela que es también, por supuesto, un thriller político, aunque esta vez es una historia que se desarrolla en nuestros días; veinte años después de El traidor de Praga, entre La Habana, Estocolmo, Moscú y otras ciudades…

 Es esencialmente una historia de corrupción, de mafias y espías: desilusión, miseria humana y mentiras; pero también una historia de amor, de cómo el amor puede vencer a veces, aunque sea transitoriamente… Con un hilo rojo verdadero: una historia también basada en hechos reales.

 Javier Puig, ya retirado, pero llamado nuevamente a servicio, con otro alias, y Luciano Ruiz, el entonces joven agente de la CIA, vuelven a encontrarse en La Habana con un viejo y enfermo Mario Paredes, que, a pesar de los años trascurridos, las penurias y la soledad, sigue dispuesto a ayudarles. Es quizá la última parte de una trilogía que comienza con El Traidor de Praga y continúa con una historia intermedia que pienso escribir más adelante.

Todos los derechos reservados  © Humberto López y Guerra
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